En enero de 2013 se cumplen 14 años desde que emigré de la Argentina. En este tiempo fui testigo de las cosas que sucedían en mi país, desde los saqueos, pasando por los presidentes que duraban horas, el “que se vayan todos”, que no se pagaba la deuda externa, después que sí (aunque para eso se utilizaran fondos que tenían otros fines), la llegada al poder de otros nombres que despertaban un poco de esperanza en la gente, pese a que formaban parte del mismo sistema que había generado el caos, la desaparición de la oposición, y una larga lista de etcéteras.
Todo esto potenciado por vivir en un país donde los argentinos no somos muy queridos (en algunos casos ni aclarando que no sos “porteño” les cambia la cara), motivo por el cual siempre hay un aire de alegría al ver que nos va mal, incluso sabiendo que serán arrastrados al desastre más tarde o más temprano.
Pero, volviendo al tema inicial, la distancia me ha permitido una perspectiva que tal vez no pueden tener los que viven en Argentina, o por lo menos eso se desprende de las opiniones que aparecen en radio, televisión, diarios e Internet.
Hoy solo parecen existir dos bandos, estás con el gobierno o sos un enemigo de la patria. La cosa se reduce a si te gusta Cristina o lees Clarín, si “caceroleás” o esperás ansioso el “7D”, si mirás “6, 7, 8” o el programa de Lanata… en fin, todo es blanco o negro. Es ahí donde radica nuestro mayor error, permitimos que nos saquen la escala de grises, es decir todas esas tonalidades (o por qué no, realidades) que existen entre uno y otro color.
A vos que estás leyendo, además de agradecerte te digo, no aceptes que te digan qué tenés que pensar, pero sí exigí que te enseñen a formar tus propias opiniones a partir de lo que ves a tu alrededor. No existen los buenos o los malos, actuamos de acuerdo a nuestros intereses, la historia pasa por no perjudicar a los demás. Todos nos merecemos opinar con libertad, pero también estamos obligados a aceptar lo que piensan los demás y a discutir las diferencias en paz, de eso se trata vivir en sociedad.
Vuelvo a leer el párrafo anterior y me parece una colección de obviedades, aunque tal vez no lo sean en la Argentina de estos días.
Gustavo Gonzalez